En esta conversación,
Gérard Wajcman es invitado a desplegar el postulado fundamental que
atraviesa su nuevo libro: que la mirada sea el amo es lo que determina
hoy una mutación particular en nuestra civilización a la que califica de
sin precedentes.
Para el autor, se trata de la incidencia
de una ideología sustentada por la ciencia y la técnica, cuyo imperativo
es: “todo lo real deber ser visto”.
¿Qué consecuencias tiene esto para el
psicoanálisis?, se interroga, cuando lo que tiende a desaparecer es la
oposición entre el campo y el fuera del campo o, dicho en términos del
Lacan del Seminario 11, cuando se intenta eliminar la esquizia entre el
ojo y la mirada.
Plantea, por tanto, que el psicoanálisis
tendrá la posibilidad de jugar en su dominio siendo que la antedicha
división opere: por fuera del campo.
MHB: Usted habla en su libro de una mutación sin precedentes. ¿Una mutación de qué?
GW: La mutación sin precedentes es… El ojo absoluto es
el nombre de esa mutación. Es decir, la idea de que lo real es
enteramente susceptible de traspasarse, que no hay más opacidad. Hay una
ideología que supone que todo lo real es susceptible de atravesarse, de
visibilizarse, que ninguna opacidad puede resistir más. La idea de esa
mirada puesta en obra en una imaginería, en una tecnología, es un hecho
actual y en verdad muy reciente. No llego a fecharlo, pero se puede
decir que entre los años ’80 ó ‘90 fue el momento de su instalación. Y
hoy se instaló, pues son muchos los factores que han contribuido a
instalarlos. Esta ideología se extendió en todos los dominios de la
sociedad. Es, a la vez, una ideología inspirada en la ciencia y en la
técnica, con consecuencias funestas, que tienen por correlato la tesis
de que “todo lo real es visible”. Esto quiere decir que todo lo que no
sea visible no será real. Es a esto a lo que me confronté antes, a
propósito de las cámaras de gas y del discurso negacionista que se funda
sobre el supuesto de que lo que no es visible no es real, o que porque
no se tiene ninguna imagen, entonces eso no ha existido. Hoy, esta
ideología está absolutamente extendida en todos los dominios y concierne
a todos los campos de la vida. A la política, y al mismo tiempo a la
medicina, al espionaje, a la geografía. En fin, a todos los dominios
donde la mirada se volvió amo.
La idea de que la mirada sea el amo es lo que determinó el
momento particular, esta mutación particular, que define a nuestra
civilización actual.
MHB: ¿Extensión del dominio de la mirada o la extensión del dominio del ojo?
GW: Es una buena pregunta. Es verdad que yo no he
conservado un rigor lacaniano, conceptual, sobre la mirada y el ojo en
cuanto a las designaciones. No digo que esto no haya funcionado hacie el
interior del libro. Pero cuando digo extensión del dominio de la
mirada, me refiero en efecto más a la extensión del dominio del ojo, es
lo que acontece. Utilizo el término de mirada, suponiendo que el libro
se dirige manifiestamente a un público más amplio que aquél al que
podría dirigirse habitualmente. Esto lleva consigo un uso un poco común
del término mirada. Incluso, sí hay divisiones de las oposiciones. Y en
relación a la esquizia, punto fundamental que Lacan elucidó en El
Seminario 11: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis,
es algo completamente trabajado. Precisamente bajo la forma del
pensamiento, por ejemplo, de que la mirada hoy se muestra. Es incluso
una de las razones por las cuales estoy interesado en ello. Es decir:
¿Qué es un mundo en el cual la mirada ya no es más una mirada oculta? En
el fondo, esto hace otra división en esta historia del pasaje de una
sociedad a otra. De una sociedad en la cual todo estaba oculto, incluso
donde lo escondido iba a la par con el silencio, que era una época que
se ha calificado de freudiana. Hoy nada más se haya oculto, y nada más
está en silencio. Entonces la pregunta que se plantea –en fin para mí,
no estoy tentado de responder a eso– la pregunta que permanece abierta
es: ¿qué hace el psicoanálisis? Allí donde debe situarse en un mundo en
el que nada más está oculto; donde todo se muestra; donde todo a la vez
es observado; donde las personas se muestran directamente; donde se han
hecho los dos conceptos de “Gran Hermano” y “Pequeño Hermano”: donde se
está no solamente invadido por la mirada del amo, sino también por la
exhibición generalizada de los sujetos. ¿Qué consecuencias tiene esto
para el psicoanálisis? Esto abre, al menos, muchas preguntas, entre las
cuales, la pregunta por las consecuencias para el psicoanálisis en esta
situación que es la nuestra. Nos encontramos en un consultorio con
cortinas, con las ventanas y con las puertas cerradas, donde un sujeto
no tendrá ninguna otra mirada a la cual confrontarse que aquella
supuesta del analista. Hoy se quiere también que haya cámaras instaladas
en los consultorios del psicoanalista bajo formas diversas: bajo la
forma de la evaluación, etc. Entonces, es un poco esta abertura que
quiero evitar.
MHB: No es seguro que haya habido una extensión del
dominio de la mirada finalmente. Tal vez incluso un estrechamiento del
dominio de la mirada como tú lo señalas en el ejemplo de la vigilancia,
finalmente hay un ojo que me vigila permanentemente pero nadie mira.
Entonces tú haces surgir una oposición, que efectivamente reenvía al muy
difícil análisis que Lacan hace de la pulsión escópica diferenciando la
esquizia del ojo y la mirada. Pero de todas maneras esto lo hará
aparecer aún mejor, porque tenemos una multiplicación de las prótesis
del ojo y un enrarecimiento de la mirada.
GW: Sí, de cierta manera es verdad. Creo decir en un
momento que se ve cada vez menos. Que en esta extensión del dominio de
la mirada, esto corresponde a un empobrecimiento general. Pero es verdad
que esto abre también, esta extensión del dominio del ojo en el sentido
que tú dices, abre la idea de que somos cada vez más mirados. Si hay un
cuestión teórica que me interesa ahora es justamente la idea lacaniana
de la esquizia que supone precisamente que vemos porque somos mirados.
En el fondo, es necesario que seamos mirados para ver. Pienso en Freud,
que miraba a su nieto cuando jugaba con un carretel, constituyendo la
mirada a partir de la cual el niño podía acceder a algo. Pero hoy la
cuestión es: porque hay cada vez más mirada es que vemos cada vez menos.
Y vemos cada vez menos, en el sentido más simple: se ve menos lo que se
nos muestra, no se ve incluso todo lo que el ojo puede ver. Por otra
parte, es algo que todo el mundo puede constatar sencillamente: vamos a
ver sitios donde todo el mundo fotografía, todo el mundo filma, y todo
esto se hace para que jamás se vea nada de lo que se ha registrado.
MHB: Cuanto más se mira menos se ve.
GW: Sí, es eso. Cuanto más se mira menos se ve.
MHB: En relación a la cuestión de la puesta en escena,
que es tan desplegada por Lacan, en diferentes Seminarios y
particularmente en aquél donde estudia el acting out y el pasaje al
acto, a partir de la subida sobre la escena y, al contrario, a partir de
la salida de escena, o incluso a partir de la frase de Freud sobre la
Otra escena. ¿Qué es lo que cambia la mutación del ojo absoluto sobre la
cuestión de la escena? ¿Dónde se encuentra la escena? Se está un poco
perdido.
GW: Sí, estamos un poco perdidos. Justamente se está un
poco perdido porque toda la cuestión es que lo que tiende a desaparecer
es la oposición entre el campo y el fuera campo. En fin, toda la
reflexión de Lacan a propósito de la escena y de la mirada en general es
relativa a un mundo en el cual la división entre el campo y el fuera
del campo opera.
MHB: Y de la escena teatral…
GW: De la escena teatral pero fundamentalmente del
cuadro. El cuadro es el modelo mismo de una escena que ha podido existir
históricamente. Pero del cuadro -se ha teorizado sobre esto- con la
idea de un límite, de una mirada que se ha abierto sobre otro campo y
más allá del cual no se puede ir. Es esto lo que anota con agudeza
Hubert Damisch: se tiende a decir que el cuadro es una ventana pero
cuando se aproxima no se puede decir (salvo si se tiene una verdadera
ventana) cuáles son los bordes. En el fondo, esto es un límite absoluto.
El cine y todas las artes han jugado recientemente sobre esto. En
particular el cine: el ejemplo maravilloso del menosprecio de Godard,
donde la apertura de la película se hace sobre el fuera del campo mismo,
la cámara es el centro de la imagen. Los artistas que han trabajado
esto en los últimos tiempos, hicieron una exposición que en mi opinión
está fechada como de los años ’90, en Beaubourg, que se llamaba
justamente “Fuera de los límites”. Ellos trabajaron sobre la idea de
cómo salir de los límites. Y cuando se mira un poco la lógica de todo
esto es para darse cuenta que todo va en el sentido de suprimir esta
oposición, de reeditar lo que sirve de límite entre el campo y el fuera
del campo.
MHB: Usted ya con Lacan ha visto operar la subversión
superficie-profundidad, entonces aquí se ve operar la subversión
campo-fuera del campo.
GW: En fin, en la idea del ojo absoluto hay justamente la
idea de la supresión del fuera del campo. Es decir, nada más puede estar
fuera del campo. Hay un muy bello libro de Pascal Bonitzer, sobre esta
cuestión del campo y del fuera del campo en el cine, pero en verdad esto
toca lo que nos ocupa, es muy lacaniano. Hoy toda la cuestión es cómo
hacer para que no haya nada de fuera del campo. Y el psicoanálisis, de
una cierta manera, socialmente (es metafórica pero no solamente
metafórica) aparece como un elemento fuera del campo en el campo social.
Entonces, la pregunta es: ¿Cómo hacer entrar el psicoanálisis en el
campo? ¿Bajo formas autoritarias, como de alguna manera se está
haciendo? Hay muchas maneras hoy de hacer entrar esto, pero es una
relativa metáfora ligada a la mirada que funciona absolutamente en todos
los dominios (esta supresión de la oposición). No se tiene más el
derecho al fuera del campo, de la misma manera que no se tiene más el
derecho a lo oculto. Es por esto que digo que el libro concluye sobre
esta reivindicación venida de la filosofía del siglo XIX, sobre el
derecho a lo oculto. Es decir, la necesidad justamente del derecho al
fuera del campo, para que el psicoanálisis tenga la posibilidad de jugar
en su dominio: estando fuera del campo.
fuente / Revista Consecuencias |
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