“La industria farmacéutica está causando más muertes que los cárteles de la droga”
Miguel Ayuso
El Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos
mentales (DSM, por sus siglas en inglés)contiene la clasificación de las enfermedades mentales
segúnla Asociación Estadounidense de
Psiquiatría, y se usa en todo el mundo para decidir quién
padece una enfermedad mental y quién no.
El doctor Allen Frances * (1942), catedrático emérito de la
Univesidad de Durham, dirigió la penúltima edición de la conocida como “Biblia de la
psiquiatría”, el DSM IV. Entonces, trató de elevar los criterios bajo los cuales se
lo consiguió. El DSM IV se empezó a utilizar, a juicio
deFrances, de forma incorrecta para hacerexplotar la burbuja de la inflación diagnóstica y la
medicación.
Hoy, sobre todo en EEUU, las cifras son preocupantes: el 20% de las personas toman un
medicamento psiquiátrico a diario y una cuarta parte de la población tiene un diagnóstico de
enfermedad mental.
Aunque a Frances no le hacía ninguna gracia el nuevo DSM, no
tenía intención de criticarlo públicamente (la polémica sería enorme entre los
psiquiatras, tratándose del director de la anterior
edición), pero tras una fiesta de la asociación cambió de
opinión. “Me horrorizaba el ingenuoentusiasmo de las personas que trabajaban en el DSM5.Donde
ellos veían magnificas
oportunidades yo veía graves riesgos”, reconoce Frances en
su nuevo libro, ¿Somos todos enfermos mentales? (Ariel), que acaba de publicarse en
España. El nuevo DSM iba a ser un
desastre, y su antiguo director se decidió a tomar partido.
Ayer Frances visitó Madrid y fue muy claro: si el DSM 5
tiene éxito (algo que aún está por ver) el 81% de la población de entre 11 a 21 podría ser
diagnosticada con una enfermedad mental.
La inflación diagnóstica puede llegar al absurdo. Y el
psiquiatra cuenta con numerosos ejemplos.
“Con el nuevo DSM –explica Frances–, tan sólo dos semanas
después de que alguien pierda aun ser querido, un médico puede diagnosticar depresión
clínica.
Si alguien tiene síntomas propios del duelo no va a acudir a un psiquiatra, va a ir al médico de cabecera, que en Estados
Si alguien tiene síntomas propios del duelo no va a acudir a un psiquiatra, va a ir al médico de cabecera, que en Estados
Unidos pasa de media 7 minutos con cada paciente, cifras que
no serán muy distintas a las de España. Quizás ni siquiera conozca al paciente bien”. No
importa, asegura el psiquiatra, en un momento podrá (con el manual en la mano) decir que tiene
depresión y recetarle antidepresivos.
Y la situación se repite con numerosos trastornos que,
desdela publicación del nuevo DSM (enmayo de 2013), son mucho más sencillos de diagnosticar.
Y no hay que ser un genio para darse cuenta de que el
verdadero beneficiado de esta nueva situación es la industria farmacéutica. “Las farmacéuticas
están alertando ya a los médicos que la depresión debe ser diagnosticada en personas que están
pasando un duelo”, asegura Frances. “Es parte de su campaña de promoción”.
Una deriva muy peligrosa
En su opinión, aunque el nuevo DSM 5 genere enormes
beneficios para las farmacéuticas, estas no están detrás de sus errores.
Es más bien el ego y la
falta de perspectiva de lospsiquiatras lo que ha provocado todo esto.
“Conozco muy bien a la gente que ha trabajado en el DSM 5 y
no creo que tengan un interés sea ayudar a las farmacéuticas”, asegura Frances. “Es gente de
buen corazón que ha tomado
decisiones muy estúpidas, pero no por la presión de las
farmacéuticas, sino porque han sobrestimado la importancia de su campo de estudio, sin
darse cuenta del daño que puede
hacerse cuando las cosas que pueden funcionar para ellos en
la universidad se lleven a la práctica clínica”.
Si las farmacéuticas hubieran pagado a los profesionales por
redactar el DSM estaríamos ante un escándalo mayúsculo. Pero lo que han logrado es casi peor,
ya que está más arraigado: han
conseguido que todos (médicos y pacientes) creamos que las
drogas son la única solución a nuestros problemas.
“Esta colosal industria está lavando el
cerebro a todo el mundo para que tomen pastillas, aunque no las necesiten”, explica Frances.
El psiquiatra insiste en que las farmacéuticas no han tenido
ninguna influencia directa en el DSM–“no es así como van las cosas”–, pero una vez publicado
vana exprimir sus posibilidades hasta la última gota: “Miran hasta los márgenes, buscando cómo
pueden usarlos diagnósticos en su provecho.Las farmacéuticas tienen millones de dólares, y
la más brillante mercadotecnia, a la espera de encontrar cualquier nuevo trastorno para
convertirlo en moda. Así ocurrió con el TDAH, con la depresión, con el desorden bipolar…
Tomaron la definición, que funciona bien si se usa
Tomaron la definición, que funciona bien si se usa
con cautela, y la hicieron confusa en la práctica general”.
Un problema que afecta a toda la medicina
Para Frances, la inflación diagnóstica no es exclusiva de la
psiquiatría, es común a toda la práctica médica y es algo que debería preocuparnos. Mucho.
“Si tienes 60 años y eres mujer, es casi imposible no tener osteoporosis, porque la definiciónde
unos huesos ‘normales’ está basada en los huesos de las mujeres de 20 años”, asegura el
psiquiatra. “Se ha patologizado todo”.
Pero si esto ocurre con todos los campos de la medicina, cuando
hablamos de enfermedad mental la cosa se complica.
“En psiquiatría no hay análisis
de sangre para saber si una persona es normal o no”, explica Frances.
“Si la línea que
separa a las personas a las que se les puede diagnosticar un trastorno y las que no se
desplaza aunque sea un poco, y puedes presionar para que eso ocurra, la diferencia es de millones
de pacientes”.
El ejemplo más claro de esta vergonzosa inflación
diagnóstica es el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH).“La forma más fácil de
predecir que un niño va a padecer TDAH es su cumpleaños”, explica Frances. “Si eres el niño
más pequeño de tu clase, tienes el doble de posibilidades de padecerlo que si eres el más
mayor. Estamos transformando la inmadurez en enfermedad, y en vez de tratarla en clase,
estamos gastando millones de dólares
en medicamentos”.
“Desde la perspectiva de la industria farmacéutica –continua
Frances– esto es genial. No hay mejor cliente que un niño. A las farmacéuticas no les
interesa desarrollar antibióticos que la gente
sólo va a tomar dos o tres días, pero van a hacer todo lo
posible para vender medicamentos a los niños, porque serán consumidores para toda la vida”.
Medicamentos que, en numerosas ocasiones, causan más problemas de los que resuelven. “Los
antipsicóticos hacen a los niñosmuy gordos”, explica el psiquiatra. “Ya tenemos una epidemia
de obesidad infantil que provoca diabetes y muerte prematura”.
Hay espacio para el optimismo
Para Frances la solución a este problema es bien sencilla:
hay que limitar el poder de las farmacéuticas y promover una vuelta a la práctica clínica
racional, humanizada.
“Cualquier problema múltiple se resuelve de forma más efectiva a través
de la psicoterapia que a través de la medicación”, asegura el psiquiatra.
“Sí, es más barato dar
drogas a un paciente en los primeros meses, pero si tiene que estar medicado toda la vida es muy
caro. Si pensamos en la vida de los pacientes es mejor gastar dinero en diagnósticos más
precisos y cuidadosos y en psicoterapia, y menos dinero en aumentar los diagnósticos y la medicación”.
El psiquiatra pide sentido común en la práctica médica, y
mano dura con las farmacéuticas. “A veces, cuando la situación se vuelve indignante, acaba
ganando el sentido común”, asegura Frances, que cree que se puede luchar contra ciertos
comportamientos de la industria farmacéutica al igual que se acabó con el tabaquismo:
presionando a los Gobiernos para que establezcan unas regulaciones más duras.
“Las farmacéuticas venden una píldora para tratar la
hepatitis C por miles de dólares a Europa y luego venden la misma píldora a Egipto por 10 dólares”,
afirma Frances visiblemente enfadado.
“La gente tiene que empezar a darse cuenta de que esta gente
no son nuestros amigos. No es gente que se preocupa por nosotros: se preocupan por sus
beneficios, y debemos ser escépticos y controlarlos.
Los doctores están prescribiendo
narcóticos como locos, y la industria está empezando a ser más peligrosa que los cárteles de la
droga, y ya está causando más muertes. Esto es tan indignante que el cambio tiene que ser
inminente”.
* http://en.wikipedia.org/wiki/Allen_Frances
FUENTE/... http://www.elconfidencial.com/

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